Dragon Castle

Con el declive y abandono del Castillo del Dragón, se dio pie a los señores a iniciar la construcción de sus propios castillos, desde los que emanar su influencia a la sociedad. ¿Y qué mejor forma de construir un castillo que aprovechando los recursos del ya abandonado?

Con esta excusa, Dragon Castle se presenta como un juego abstracto, basado en el tradicional juego chino Mahjong, donde a partir de un apilamiento de fichas, crearemos otro para rivalizar con los demás jugadores.

Caja del juego

Ficha técnica

  • Nº jugadores: 2 a 4
  • Edad recomendada: 8+
  • Año de publicación: 2018
  • Editorial: Edge Entertainment
  • Autores: Hjalmar Hach, Luca Ricci y Lorenzo Silva
  • Artista: Cinyee Chiu
  • Idioma: castellano y francés
  • Independencia del idioma salvo reglamento: Sí
  • Ficha en la BGG

Reseña del juego

Aunque visualmente nos encontremos ante un producto genialmente tematizado, similar al mítico mahjong y con arte tradicional chino, no hay que olvidarse que estamos ante un juego claramente abstracto. El recuerdo que nos trae del mahjong se debe, claramente, a sus fichas y la gestión de las mismas, pero nada más, ya que Dragon Castle tiene sus propias reglas originales.

Tablero central con el Castillo del Dragón, la reserva general de santuarios, la carta de favor del espíritu y del dragón y, al fondo, algunas fichas de puntos de victoria.

Para empezar la partida, tendremos que construir entre todos el Castillo del Dragón, sobre un tablero central, con las piezas colocadas aleatoriamente, boca arriba (hay diferentes ejemplos de cómo construirlo basado en el mahjong). Este es el castillo abandonado que iremos saqueando para construir el nuestro. Dejaremos a un lado, a mano de todos, los santuarios (los tejados) y las fichas de puntos de victoria. Colocaremos las fichas de cuenta atrás, donde nos especifica el tablero y de la forma adecuada para el número de jugadores. Se elegirá una carta de favor del espíritu y otra de dragón y se dejarán junto al tablero. Por último, cada jugador cogerá su tablero personal, donde irá construyendo su propio castillo, junto a un santuario, que colocará en la reserva de santuarios. El jugador inicial cogerá el marcador que lo identifica como tal y ya se puede iniciar la partida.

Los cuatro tableros personales juntos para apreciar el gran arte del juego.

La preparación puede parecer algo laboriosa, por tener que hacer el castillo con las piezas, pero es algo trivial. En un periquete lo tendréis montado y estaréis jugando. Las cartas de espíritu, de las que normalmente sólo se usará una por partida, otorga una acción especial. Por tanto, al cogerla aleatoriamente, cada partida cambiará notablemente sólo por esto. Pero es más, ocurre similar con la carta de dragón, que también se pone una aleatoria e indica una forma de puntuar adicional al final de la partida. Si a esto añadimos que el castillo lo construimos al azar y que podemos darle la forma que queramos, la rejugabilidad de este juego es brutal. Además, el juego invita a hacer cambios a las normas estándar por si se quiere experimentar o aumentar la dificultad. Yo me basaré en el juego utilizado de manera básica, sin ninguna rareza añadida, que bastante miga tiene tal cual es.

Tablero personal, donde se construye el nuevo castillo.

La forma de jugar en Dragon Castle es por turnos. Un jugador hace su turno y pasa al siguiente (esto implica que hay entreturnos, aunque son muy cortos). En cada turno, un jugador debe hacer una acción de las que hay disponibles y luego colocar las fichas que haya recolectado en su tablero personal. Adicionalmente, para activar la acción de la carta de favor del espíritu, se puede descartar de una ficha boca arriba de su propio tablero personal o de un santuario de su reserva y realizar lo que se explique en la carta. La habilidad del espíritu podrá activarla cuando desee durante su turno, pero sólo una vez como máximo (por turno).

Existen tres posibles acciones a realizar, a elegir una de ellas:

  • Coger una pareja de fichas: una de las fichas debe ser del piso superior del Castillo del Dragón, la otra ficha puede ser de cualquier piso. Ambas fichas deben ser exactamente iguales.
  • Coger ficha y santuario: coge una ficha del piso superior del Castillo del Dragón y también un santuario que deberás colocar en tu reserva.
  • Descartar ficha: retira del juego una ficha del piso superior del Castillo del Dragón y gana un punto de victoria.

Para coger fichas del Castillo del Dragón se sigue una norma similar al mahjong: debe ser una ficha disponible, es decir, al menos uno de los lados largos de la ficha debe quedar al aire, sin ficha adyacente en ese lado.

Trasera de las cartas de favor de espíritus.

Tras realizar la acción que hayas elegido, deberás colocar las fichas reunidas en tu tablero boca arriba y siempre sobre espacios vacíos o sobre otra ficha que esté boca abajo (nunca sobre otra ficha boca arriba o sobre un santuario).

Tras la colocación de las fichas, si hay un grupo de al menos cuatro fichas del mismo tipo (del mismo color, aunque sean de diferentes números) adyacentes ortogonalmente desde una vista cenital (da igual que estén a diferentes alturas), deberás consolidarlas, haciendo que pasen a estar todas ellas boca abajo. Consolidar un grupo de fichas otorga puntos de victoria, por lo que es algo importante para hacerse con el triunfo.

Otro tablero personal con su castillo, repletito de santuarios.

Tras consolidar un grupo de fichas, tendremos la posibilidad de construir santuarios sobre ellas (obligatoriamente sobre alguna de esas fichas que acabas de poner boca abajo). Para esto, es indispensable tener santuarios en nuestra reserva. El número de santuarios que podremos construir, varía en función del tipo de fichas consolidadas. Si son tipos de ficha de facciones (mercaderes, granjeros o soldados; es decir, moneda amarilla, bambú verde o espada roja) nos permitirán construir un santuario. En el caso de ser un grupo de fichas especiales (estaciones, vientos o dragones) podremos construir hasta dos santuarios. Además, en el caso de los dragones, adicionalmente, nos dará un punto de victoria. Los santuarios son importantes de cara al final de la partida, ya que otorgarán puntos en función de la altura a la que se hayan construido (un punto de victoria para los del primer piso, dos para los del segundo y tres para los del tercero o superiores).

Respecto a las cartas de dragón, comentar que exclusivamente nos indicará formas adicionales para ganar puntos de victoria al finalizar la partida. No tiene uso durante el desarrollo de los turnos de los jugadores, simplemente se tratarán una vez hayamos concluido el juego. El final del juego se inicia en el momento que el Castillo del Dragón sólo tiene fichas en su planta baja. El final no es abrupto como en la mayoría de juegos, sino que se seguirá jugando hasta que en el track de cuenta atrás del tablero central se quiten los marcadores de cuenta atrás y se muestre el signo de exclamación (momento en que se hará el turno final).

Trasera de las cartas de dragones.

Este proceso de fin de turno, que se inicia cuando sólo quedan fichas en la planta baja del Castillo del Dragón, otorga una posible acción a realizar a los jugadores (elegible de la misma manera que las tres anteriores expuestas):

  • Convocar al dragón: coge el marcador de fin de turno que esté más a la derecha (que otorga dos puntos de victoria). Esta acción sólo será de obligatoria elección en el caso de que ya no hubiese fichas en el Castillo del Dragón.

Cuando se muestra el signo de exclamación en el track de cuenta atrás, se desencadena el turno final, de manera que todos los jugadores hayan jugado los mismos turnos. Ya sólo quedará contar puntos de victoria y averiguar quién ha sido el ganador.

Los componentes

El componente más llamativo del juego son las fichas de mahjong. Están hechas de baquelita, de un buen tamaño y con una calidad muy buena. Es muy satisfactorio jugar con este tipo de fichas tan poco habituales en nuestros juegos de mesa modernos. Los santuarios son piezas de plástico, bien reproducidas, acordes al tema. En cambio, con los tableros no puedo ser tan halagador. Todos los tableros que forman el juego son demasiado delgados, tipo cartulina. No es que esto empobrezca la experiencia de juego, pero sí que ensombrece un poco el conjunto. Por otra parte, el arte impreso es espectacular, muy bien tematizado, sabiendo decorar pero sin perder claridad en el diseño.

Qué gozada tenerlo todo ordenadito.

Las cartas de dragón y de favor de espíritu son correctas y su arte vuelve a maravillarnos. Los marcadores de cuenta atrás y de puntos de victoria son de un cartón de grosor aceptable. También matizar que hay unas cartas de ayuda para cada jugador, donde se explica de forma resumida el turno de un jugador y otros detalles del juego.

Tablero central con el Castillo del Dragón y en primer plano las fichas de final de partida.

Por último, comentar que el manual explica de forma clara el mecanismo del juego. Se apoya constantemente en ejemplos que aclararán la mayoría de dudas. También en él encontraremos la explicación de las cartas de favor de espíritu y de dragón, ya que en las propias cartas tan sólo hay simbología. Además, todo este material se encontrará bien ordenado en la cuna que trae el propio juego.

Valoración

Dragon Castle es un juego abstracto sorprendente. También es elegante, fluido e incluso tenso a veces. Los turnos de cada jugador son rápidos, ya que no hay mucho que hacer, lo que se agradece para no tener que esperar demasiado hasta que te vuelva a tocar.

El juego a dos jugadores funciona muy bien, casi como un careo directo, muy táctico en cuanto al control de puntos de victoria, para que el rival no se escape. Esto dará pie a jugadas que están pensadas para fastidiar la estrategia rival, más que a favorecer la propia, por lo que, aunque no haya interacción directa, se puede influir en la evolución de la partida del adversario. Las sesiones no duran mucho, siendo habitual no llegar a la hora, aunque como juego, está muy lejos de ser un filler.

Tableros a utilizar en función del número de jugadores.

La complejidad de sus mecánicas es prácticamente nula. La dureza del juego radica en hacerlo lo suficientemente bien como para vencer a los adversarios, por lo que la dificultad de la partida la marca la habilidad de los rivales a los que te enfrentas. Esto es interesante, ya que da pie a que puedan jugar un amplio rango de personas, desde los más jugones a jugadores ocasionales. La rejugabilidad es excelente por todo lo comentado, la cantidad de cartas de favor de espíritu y de dragones, de las cuales sólo salen una de cada a mesa y también el diseño del propio Castillo del Dragón, siempre aleatorio. Por si fuera poco, el juego invita a los más experimentados a meter varias cartas de favor de espíritu o de dragón, lo que hará que las posibilidades se disparen. Nunca he probado a jugar así y no creo que llegue a hacerlo nunca, ya que el juego base es más que suficiente para mí. Como detalle para terminar, comentar que el manual también hace una serie de recomendaciones de preparación de la partida para los jugadores nóveles, para ir aprendiendo la dinámica de juego sin asustarnos ante cartas de favor de espíritu o de dragones más extrañas de lo habitual.

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